lunes, 7 de junio de 2010

Concentración de medios


Al rescate de la conciencia

Un mundo, un país, una ciudad, un pueblo, un barrio todos tienen y están rodeados de medios de comunicación. Convertidos en una herramienta persuasiva capaz de mantener una continua relación entre y con los sucesos sociales, políticos y económicos, tanto nacionales como internacionales.

Herramientas de persuasión no es lo mismo que de manipulación.

Manipular se trata de influir a una persona o intervenir en un asunto de forma maliciosa y poco honesta para conseguir un fin determinado. Es, también, manejar-controlar la conducta de un individuo impidiendo que actúe con libertad. Mientras que persuadir es convencer al receptor a través de una argumentación racional y provocar en él una acción: la compra del producto, la compra de una idea.

Herramientas de persuasión: ayudan a influenciar mediáticamente sobre el público, ayudan a construir y destruir el poder político. Estos instrumentos están presentes en los medios de comunicación, son los que visten cantidades de canales, que desbordan en la pantalla chica, que pintan cada centímetro de papel de un diario y también llenan la voz de una radio.

Parte de los medios de comunicación, que poseen esas herramientas capaces de llegar a cada lugar, son quienes se agrupan con empresas y atentan contra la democracia y la libertad de expresión.

La rapidez con que los medios se incorporaron a la realidad no dio el tiempo necesario para que la población se acostumbre y tome una posición serena frente a los temas; y en cambio se aferre a un mundo industrial o se separe por completo de las novedades, estímulos y hasta ignore el propio pasado.

Son los mismos que formaron dos bandos: los medios concentrados y los medios independientes. Los medios concentrados, gracias a la decisión, del ex presidente Menem, de privatizar, forman alianzas con empresas de telecomunicaciones que infringen la pluralidad informativa e instalan temas de debate que influyen sobre la opinión pública. Sin embargo, dejan de lado a parte del pueblo: quienes no satisfacen sus necesidades quedan fuera del sistema, ya que no consumen y, por lo tanto, no le dan entrada al medio.

El lector, ante esto, tendría que reflexionar y tener una mirada crítica frente a los discursos difundidos. Pero ¿cómo generar un entrenamiento de conciencia? Hay globalidad de medios, pero ¿hay globalidad de conciencias? Falta un pensamiento conductor individual. Con mirar para otro lado no se produce una revolución, sí con generar ideas para conceder producciones propias. Y no dejar que los medios sean industrias comerciantes del mismo producto y consuman y conduzcan la imaginación, la energía del pueblo.

Sin embargo, en la actualidad se da una batalla por quién tiene más, y la empresa elegida vende un producto (tema-noticia) pero a la vez vende contenidos culturales e ideológicos que definen cómo es cada uno, según lo consumido. Aunque, las alternativas no son muchas y al no poder elegir permanezcamos en un círculo cerrado donde se persuade al pueblo, donde no se sabe qué es público y qué privado.

¿Quién define lo público y qué lo privado? La globalización provoca que la sociedad se encuentre ante gran cantidad de medios que ofrecen el mismo tema comunicativo. Sería como caminar en busca de un producto novedoso y que todos sean iguales. Y por esto, se termina encerrado en un laberinto donde no se sabe qué es real y qué ficticio, dejando al público recluido en el mismo medio, en el mismo pensamiento.

Se dice que el periodismo es el cuarto poder por ser quien defiende a la opinión pública del abuso del gobierno, pero en realidad los medios de la globalización y los multimedios constituyen un poder abusivo contra la conciencia de la opinión pública.



http://www.voltairenet.org/article139311.html


http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=31459

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