lunes, 12 de julio de 2010

Rock Nacional




Al compás de la verdad




Dos palabras que forman un término, una marca registrada de la Argentina: rock nacional. ¿Qué es nacional?: lo propio de una nación, de un territorio en oposición a lo extranjero. ¿Qué es rock?: estilo musical de ritmo enérgico. Entonces, esas dos palabras que forman el término rock nacional hablan de un género musical propio de la Argentina que nació para protestar, para contestar, para luchar.

El rock argentino es una mezcla de estilos musicales (punk, blues, rock) nacido de la mano de grupos que hicieron canciones en español sobre temas que preocupaban a los jóvenes. Una mezcla de estilos musicales que llegó en la década de los ´60 y rompió con una ola de romanticismo dada por el bolero, tango y folklore, en ese entonces, los únicos dueños de las pistas de baile y de cada emisora radial.

Y se declaró una puja dada por los primeros revolucionarios del rock. Las espaldas de muchos comenzaron a darse vuelta para ver a más rebeldes, más soñadores, más creativos de un género que iba a hacer historia.

Una década de pelos largos, guitarras, abucheos y aplausos y los ´70 que se instalaban en pleno desarrollo del rock, con la incorporación de hitos musicales: Pedro y Pablo, Pappo´s Blues, Sui Generis, Almendra, entre otros.

Y se declaró una puja dada por los primeros revolucionarios del rock contra pegadizos estribillos que no brindaban nada más que un movimiento de pies y letras aprendidas de memoria. Por esa razón, se levantaron letras que apuntaban contra las dictaduras para poder expresar sus sentimientos. La juventud “revolucionaria”, de ese entonces, quería desprenderse de palabras vacías y formar parte de una lucha opuesta a las acciones dictatoriales. Una lucha que de la mano de una guitarra iban por una sociedad diferente. Una sociedad que en 1976 fue apoderada por la dictadura de Videla y tantos otros represores. Una dictadura que pretendía el “orden” y la desaparición de jóvenes “subversivos”.

Sin embargo, el nuevo estilo nacional seguía creciendo y los medios de comunicación estaban presentes para ver, para contar, para mentir. La revista “Pelo” se declaró a favor de los progresivos y con festivales de rock, organizados por la misma revista, congregaban multitudes. Aunque existían otros medios, estos contra las jóvenes melenas. Medios que tergiversaban los acontecimientos para romper con el éxito del rock y sacarlos de circulación.

Y el nuevo estilo nacional seguía creciendo. La juventud sólo quería forjar su identidad y para esto nació Serú Girán de la mano de Charly García, Oscar Moro, David Lebón y Pedro Aznar. Un grupo que se identificó por el ingenio y la energía para esquivar la censura. Un grupo que cantó metáforas y despertó a una sociedad, a una juventud con falta de libertad. Sus letras cantaban a la problemática social: “No existe una escuela que enseñe a vivir”, “A despertar un mundo dormido”, “No cuentes lo que en los jardines” son sólo algunas de las tantas letras que mostraban la disfrazada sociedad argentina de los ´70 y ´80.

Mientras la dictadura quería tapar sus acciones, lavar cerebros y callar a subversivos renacían jóvenes que contaban una oculta verdad, jóvenes que no se dejaban engañar ni callar. Porque como dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo, y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.” Y por suerte para levantar las vendas de los engañados nació el rock nacional con letras tan verdaderas y tan nacionales. Un movimiento encargado de despertar zombies y demostrar la bronca hacia generales que se creían dueños del país, generales de la vida y la muerte.



http://www.dospotencias.com.ar/rebelde/

http://www.dospotencias.com.ar/rebelde/

lunes, 5 de julio de 2010

Guerra de Malvinas


Disparo a la soledad

Aviones y tanques acelerados. Ametrallantes disparos y pesadas corridas aturden en cada rincón. Ojos fuera de su eje y oídos que sangran y lágrimas que inundan y brazos que separan. Encierros. Escapes.

Media vuelta y otra. Pasos que avanzan y avanzan. Un ambiente pesado, a veces silencioso en una guerra, la guerra de Malvinas.

Como todo suceso, la guerra argentina se dio por y para algo. La dictadura de ese entonces necesitaba un cambio y para eso un conflicto les venía bien. Para los militares el fin sí justifica los medios, aunque se lleven cientos de vidas humanas. El medio fue la guerra, desmedida por cierto, entre Argentina y el Reino Unido. ¿Y el tan ansiado fin? Desviar la atención social de los problemas (inflación, recesión, empobrecimiento de la clase media, endeudamiento externo, etc) y como si eso fuera poco, también se quería recuperar el crédito perdido de los sectores sociales.

Una ofensiva operación. Un conflicto armado padecido desde el 2 de abril hasta el 14 de junio de 1982, día de la rendición argentina.

Una ofensiva operación. Un conflicto armado que dejó 649 soldados muertos, 255 británicos y 3 civiles.

Un conflicto armado que hizo posible la pronta apertura democrática, el hundimiento de la dictadura militar argentina y del otro lado del charco la reelección de Margaret Tatcher(1983), la reelección del gobierno conservador británico.

Escalofriantes cifras, límites que fueron más allá, propósitos desmedidos y la ausencia de un buen plan, la ausencia de recursos por parte de Argentina, la ausencia de recursos para ir contra un fuerte rival.

¿Por qué será que a los sobrevivientes argentinos de Malvinas les cuesta hablar de su actuación en la guerra?, ¿qué les tapa la boca?

Según, Fernando Magno (sobreviviente) y tantos otros: el miedo, el agresivo frío y además de tener al Reino Unido como rival, lidiar con otro enemigo, uno interno: “la supervivencia en un ámbito inhóspito y sin alimentación”, una situación que amordaza a cada soldado.

Y mientras los aviones y tanques aceleraban y los chicos trataban de luchar por su patria, lejos de un cálido ambiente, Plaza de Mayo era el escenario de una multitud. Galtiere y Juan Pablo II juntos en Casa Rosada. Un mensaje de paz y otro de guerra, juntos, ¿una contradicción?

La plaza del pueblo seguía su función. Mientras muchos argentinos aguantaban un pesado y olvidado cartel que pronunciaba paz y otros tantos instaban una guerra, eso sí sin el proceso: Malvinas sí, proceso no, ¿otra contradicción? ¿Cómo se puede tener una guerra sin el proceso? Parece que el tema de la individualidad viene de hace tiempo.

Cómo no querer una guerra que se daba a miles de kilómetros al sur, y cómo querer un proceso que afectaba a un territorio argentino más cercano, que golpeaba el suelo porteño y a cada provincia. Quizá un egoísmo propio de la sociedad.

Un individualismo no sentido en las Malvinas, donde el frío y el hambre marcaban cada grieta de las islas. Donde se veía a soldados sacrificándose por su patria y por generales que los abandonaron, que dejaron a cada chico escribir su suerte. Chicos que quisieron salvar un territorio, luchar por su patria y fueron detenidos por balas y el fuego de la sin razón.

¿Individualismo? Es una posición moral, filosófica e ideológica que enfatiza la dignidad del individuo. Lo importante es la independencia y la autosuficiencia. El individuo es el centro.

Valla coincidencia. Al finalizar la guerra, al conseguir la derrota, los sobrevivientes volvieron y con ellos las ganas de ser reconocidos y apoyados. Sin embargo, sólo los esperó la autosuficiencia, una absoluta soledad, la espalda de cada político, de muchos argentinos y encima sus propios suicidios. Ya que a los soldados, si no los mató el Reino Unido, los mató la sociedad, el no estado argentino. Porque un estado garantiza protección a sus ciudadanos, cosa que no pasó luego de la derrota.

Aviones que aterrizan. Fuegos que se apagan. Buscar por un lado o por el otro. Pasos hacia atrás y un silencio que no ayuda. Un vacío innombrable y las espaldas de cada argentino hacen dar cuenta a los veteranos de guerra de su propia soledad. Un aislamiento que de poco se llena y que calma con la ayuda de una sociedad despierta y las ganas de no volver a vivir ese tremendo conflicto. Un pueblo que en los festejos del Bicentenario dejó en claro las ganas de unión y de cambio, un cambio que quiere romper con el individualismo.




http://www.youtube.com/watch?v=lHNeUCL1cfw

http://www.redargentina.com/IslasMalvinas/

Década del ´70


Recuerdos que aplastan

Siempre hay un antes y un después de un suceso, con sus causas y consecuencias. Y un durante lleno de esperanzas y opacidades. Un durante que pisoteó el camino hacia las igualdades, un camino que se bombardeó con doctrinas y oscuras transiciones. Una época que allanó la calzada a los dictadores, con una empinada bajada que arrastró identidades, derechos y hasta una pretensiosa movilidad social aniquilada por el frio del fierro y el calor de poderosas manos.

Un suceso. Para algunos: una guerra. Para otros: una guerrilla, ¿cuál es la diferencia? La guerra fue el escudo de los dictadores, la justificación del horror. Pero detrás de ese disfraz se escondía la verdadera causa: una guerrilla. Porque alrededor de un ámbito oscuro, de cambios y desigualdades se desataba una pelea que nada tenía que ver con la llamada guerra. Para entender la diferencia hay que centrarse en el sufijo illa que es la desigual lucha entre civiles y un ejército profesional organizado por un Estado. La lucha de guerrillas es de resistencia a un invasor y se rodea por motivos revolucionarios, patrióticos y/o religiosos.

Un suceso que desató una guerrilla, eso fue la época de los ’70, no una guerra. Donde hubo culpables e inocentes. Para algunos, los primeros fueron los guerrilleros. Para otros, los dictadores. Siempre hay unos contra otros. Siempre el vs está en el medio: culpables vs inocentes, izquiera vs derecha, guerrilla vs guerra. Y acompañando a ese tire y afloje están los límites, los cuales los dictadores no supieron manejar ya que tuvieron una falta de limites en el tiempo y falta de límites en los métodos, sobre todo.

La etapa que marco con sangre y lágrimas un presente y un futuro, pero también la etapa que marcó la lucha, la inicitiva. En fin, fue una fase de cambios, que según Feinmann se dio sólo y para siempre en los ’70 porque llegados los años posteriores, especificamente en los ’90, “no hubo ni hay proyectos, no hubo ni hay inquietud de hablar y querer cambiar el mundo, como sí pasó en los ’70 donde se resolvieron historias, donde ya todo está hecho.”

Entonces, ¿qué puede hacer el hombre de los ’90? Si todo está terminado, bien o mal, pero terminado. Las palabras de Feinmann son las que asustan y a la vez hacen dar cuenta cómo se manejó y se maneja a la sociedad después de la guerrilla, porque los hombres de esa etapa fueron los responsables de la debacle económica argentina aunque también fueron los responsables de escribir una historia tan fuerte para que quede marcada en el conciencia de la sociedad.

Y del mismo modo que piensa Feinmann piensan muchos otros, como es el caso de las lineas que recorren una famosa canción de Lito Nebia (“Ayer nomás”) donde deja pensando a muchos con un pentagrama acariciado por una triste pero real letra: “Ayer nomás salí a la calle y vi a la gente, ya todo es gris y sin sentido, la gente vive sin creer”.

¿Por qué la sociedad vive sin creer? Será porque esas historias concluyeron no de la mejor manera. Será porque el “homo del ‘90” heredó un miedo, una persecusión que no se quita con querer alentar o sacudir con palabras. Es un miedo al resultado, a sufrir torturas que ningún humano tendría que soportar. Porque no siempre el fin justifica los medios, sobre todo cuando los medios son tan inadmisibles y cuando el país sigue su rumbo sin pensar en los derechos y seguir aplastados por recuerdos y por la presencia de oscuras mentes que todavia tienen lugar en la sociedad de hoy.


http://www.encuentro.gov.ar/nota-1272-Las-decadas-del-60-y-70.html


http://www.historieteca.com.ar/Historia/decada70.htm